Informe de actuaciones:

En Madrid, a 09 agosto 2006

Los Meyba


Armado tan solo de un Meyba y dos subsecretarios se metió Fraga en Palomares para desmentir los rumores de contaminación atómica, y con un Meyba se vadeaba De La Quadra Salcedo el Amazonas en su Ruta Quetzal como quien se cruza una acequia. De Meyba vestía Félix Rodríguez de la Fuente cuando se peleaba con aquel cocodrilo y un Meyba es lo que llevaba tu padre cuando te zarandeaba de los brazos sobre la piscina de aquellos apartamentos de Salobreña. Y es que un español, cuando se dispone a conquistar algo, ya sean las Américas o el corazón de un niño, no se pone un yelmo, no señor, se pone un Meyba. Sin prejuicios, pero con suspensor. Un suspensor de cojones. Porque sólo así es decente.

Con un Meyba uno va seguro y elegante. Ni se le cae ni se le suelta. Lleva una braga interior, que te sujeta. Y así puede uno dar brincos y cabriolas por la piscina o la playa como los que pega este señor tan frescachón, hecho un titán del eterno verano surf, pero con sus partes nobles a salvo de las miradas indiscretas de esos ojos que le observan tan oportunamente colocados a modo de puntos sobre las íes de la palabra “prejuicios”. Unos ojos trazados muy toscamente, es verdad, pero absolutamente certeros en el ángulo de su insidiosa mirada.

Por cierto, como ustedes supondrán, y suponen bien, el nombre de esta marca, que acabó convirtiéndose en la denominación genérica de un tipo de prenda, responde a esa forma compositiva tan socorrida consistente en conjugar la primera sílaba del nombre de cada uno de los dos socios, o de sus señoras respectivas. En este caso Me y Ba: Mestre y Ballvé.

Ya, 21 de junio de 1955.

Fin de la discusión.




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