Informe de actuaciones:

En Madrid, a 17 mayo 2007

Doña Finita Rufete, vedette de alto copete


Hay que ver, qué abandonado tenemos últimamente este nuestro pequeño rincón virtual, después de trabajarlo con tanto esmero. Desdichados menesteres laborales nos impiden atenderlo como sería nuestro gusto y como ustedes, fieles lectores, sin duda se merecen. Trataremos hoy, no obstante, de robarle un momentito a nuestras pedestres cuitas vitales para compensar mínimamente su paciencia, ofreciéndoles esta pequeña historieta –completamente verídica, por supuesto, pese a su título brugueresco– que tan al pelo nos viene para contar sin contar nuestro actual avatar, que bien podría esquematizarse en estos tres ejes: Teatro, Histeria y Ratas (no traten de buscarle sentido a esto último, es un chiste que no entiendo más que yo, y que resultaría demasiado farragoso –e impúdico– explicar aquí; disfruten simplemente de la anécdota, si es de su agrado). Vamos pues a ello:

Un primero de mayo de 1956, festividad de San José Obrero, actuaba en el vetusto Teatro Circo de Cartagena la por aquel entonces celebérrima compañía de revistas Colsada. En uno de los momentos culminantes del espectáculo, durante la ejecución de un número musical por parte de la primera vedette –Finita Rufete–, una rata que se había acomodado en uno de los cochambrosos telones del teatro, y que los tramoyistas menearon tan oportunamente aquel día, fue a caer sobre la cabeza de la actriz (y una rata de teatro, del 56, tenía que ser grande, grande, grande ¿eh?). Finita, entre alaridos, con la bicha en el cardado, perdió todos los papeles y fue a refugiarse de un brinco en uno de los palcos del proscenio (un salto de una agilidad portentosa, por cierto). La representación, por tanto, hubo de detenerse durante los confusos momentos consiguientes. Sin embargo, el oficio de comediante, curtido en las miserias más dispares, ha sido por tradición esforzado, y un incidente de estas características no era ni mucho menos motivo suficiente para suspender una función. Reanudada ésta, pues, tras el sofoco de Finita, y mientras actuaban las señoritas del conjunto, volvió a aparecer la rata en el escenario. Esta vez ya fue la debacle: las vicetiples correteando de un lado a otro despavoridas y dando sonoros grititos de pánico, el apuntador saliendo de su concha, los tramoyistas en escena persiguiendo al roedor, el público puesto en pie con grandísimo jolgorio, disfrutando del divertimento inesperado, y las emperifolladas damas de la alta sociedad cartagenera, muy en su papel también, desmayándose en sus palcos respectivos. Y con esta singular experiencia escénica estuvo vibrando el viejo teatro levantino, aquel primero de mayo, hasta que un templado miembro de la compañía, provisto de un palo (un elemento tan primitiva y esencialmente ligado al género masculino a la hora de desempeñar cualquier tarea), acabó de un sonoro estacazo con la fiesta y con el bicharraco.

Ya, 2 de mayo de 1956.

1 Apostilla(s):

Anonymous probertoj dice...

¡JAJAJAJAJA!

Gracias por alegrarme el día, devastados. Estoy a lágrima suelta ante la mirada desconcertada de mis compañeros de trabajo...

17 mayo, 2007  

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